Año de la Fe: iEvangelización

 Si no sabes a dónde vas, navegar por la red puede convertirse en una experiencia parecida a la que vivieron los apóstoles en el mar de Galilea durante la tormenta (Mc4, 35-41). Un viaje que podría acabar muy mal. Como aventurarse a dirigir un barco en plena noche, sin rumbo establecido y en medio de un océano embravecido. Una locura. ¿Alguien en su sano juicio iría nosesabecómo a nosesabedónde?

Pues lo hacemos. Y bastante. Estamos locos muy menudo. 

En demasiadas confesiones aparece como madre de todos los males el navegar sin rumbo por la web. “Es que a un golpe de ‘click’ tengo todo lo que quiera”, me dicen. Como si lo malo fuera la red y no la locura del que se ha lanzado a ella sin rumbo ni objetivo. Es cierto que la red es tan inmediata y amplia que puede tener algunos riesgos, y más cuando nos da la posibilidad de viajar por ella de manera totalmente anónima.  Pero no es menos cierto que, a la vez, es “una nueva forma de relación, una nueva manera de información, un nuevo modo de crear, y de impulsar proyectos” (cf. imision.org). Lo malo no es el mar, sino el navegante insensato.

La Iglesia ha convocado para este curso el “Año de la Fe” con la publicación de la Carta Apostólica Porta Fidei. En ella el Papa nos invita a fortalecer nuestra adhesión a Cristo para anunciarlo en nuestros ambientes, especialmente en el nuevo escenario de las redes sociales, sin olvidar los ya habituales cultural, migratorio, económico, político, científico-tecnológico, y religioso.

Allí donde haya un cristiano se debe notar la presencia de Cristo. Y los cristianos estamos en las redes sociales. No son un océano en el que perdernos, o hundirnos, como Pedro (Mt14,22-36), por nuestra falta de fe, sino un lugar más al que nos ha enviado Cristo para anunciar el Evangelio. Eso sí, sin olvidar que nada  puede sustituir la relación directa de una amistad cara a cara. Porque el Evangelio no se anuncia sólo con tweets, se anuncia, sobre todo, con la vida.

Por medio de la red no podemos abrazar, ni mirar a los ojos (utilidades como el skype no lo consiguen en absoluto), ni tomarnos unas cañas, ni -mucho menos aún- celebrar la Eucaristía. En las redes puedo tuitear cuánto me quiere Jesucristo, pero no puedo imponer a nadie las manos para darle su perdón. Podré tener 200 likes en la fotografía que hice el otro día en la Adoración del Santísimo, pero arrodillados delante de Él sólo había 15.

Las redes son un buen medio, rápido, atractivo, entretenido, pero necesitan complementarse con la realidad. El anuncio del Evangelio puede hacerse por el medio que sea, pero hay que añadir la presencia real de un Mensajero para que sea efectivo.

Esta necesidad de complementar el nuevo escenario de las redes sociales aparece muy bien reflejado en el logotipo del “Año de la Fe”.

Explicación del logotipo del “Año de la Fe”

Los creyentes tenemos que anunciar la fe en las redes, utilizando para ello la actualidad, el sentido del humor, las imágenes, ejemplos, explicaciones, enseñanzas, vídeos, etcétera. Este anuncio del kerygma (lo básico de la fe: Cristo ha resucitado) está representado en el logotipo con la Cruz (Cristo, el inocente, muerto por los culpables) y el monograma IHS (ha resucitado).

Y esta proclamación del kerygma necesita ser completada con la vida real, con la comunidad, la Iglesia, el navegar del día a día, representado todo ello con el símbolo de la Barca. Y también, evidentemente, será necesario el encuentro personal con Cristo y la celebración de la fe, los sacramentos, la oración… simbolizado todo ello ese Sol que recuerda también al pan eucarístico.

En definitiva, en la red se puede anunciar el Evangelio, y también favorecer la unión y la colaboración eclesial para acercarnos más al Señor. Pero es un medio virtual que se queda cojo si no va acompañado de la realidad.

Lo saben muy bien los culpables de iMision.org. Religiosas, religiosos, laicos y sacerdotes que anunciaban el Evangelio en sus vidas y en las redes de manera individual, y que ahora han unido fuerzas y recursos para hacerlo también de manera colectiva. Ellos tienen la culpa de que me haya lanzado a escribir este blog (gracias) pretendiendo aportar mi granito de arena a la Nueva Evangelización. Son los culpables de que quiera implicarme más con el Evangelio. Gracias, chicos, porque cuanto más se pringa uno en la misión, más recibe del Señor. ¡Lo que no se da se pierde! (cf. Jn12, 24-26).  ¿Y tú? ¿te has unido ya a la iMisión?

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