El Espíritu sopla donde quiere

Leyendo estos días el blog del sacerdote Jorge González , quedé encantado con dos de sus últimos artículos: “Parroquianos a secas” y “El peligro de los nuevos movimientos“. El segundo es consecuencia de los comentarios del primero. No hace falta explicar cuál era el tema que trataba, los títulos lo dejan bien claro. Estoy de acuerdo y encantado, pero con matices, claro, por eso escribo un artículo, si no, no tendría sentido.

Son escritos sinceros y equilibrados, con un lenguaje cercano y comprensible por todos, y que han molestado a algunos por su franqueza, llegando a malinterpretar alguna de sus afirmaciones.

¡Como si a don Jorge no le “gustaran” los movimientos! Lo único que hace es constatar las dificultades que pueden generar en una parroquia. Y yo estoy de acuerdo con él. Pero las dificultades las provocan las personas no el movimiento en sí o la parroquia.

Creo que la frase de la discordia fue esta: “Parece que si no tienes apellido no eres nada, apenas un católico del común siempre sospechoso de tibieza, comodidad y conformismo.” Evidentemente nadie hablaría así de los “cristianos a secas”, pero en no pocas ocasiones es lo que es da a entender por parte de quien pertenece a un movimiento. No lo digo por decir: es justo lo que ha causado divisiones en mi parroquia, sobre todo entre los jóvenes, que se toman todo mucho más “a pecho”. Pero, vamos, que si ha creado división es porque los jóvenes “parroquianos a secas” han lanzado también sus soflamas desde su lado. Un enfrentamiento ridículo entre personas concretas que provocó división porque se culpaba a la pertenencia o no a un movimiento.

El demonio debe estar frotándose las manos cuando discutimos y creamos división. Pero un “movimiento” no es una división. La Iglesia no es una liga en la que compitan unos cuantos equipos por llevarse la copa. Todos caminamos unidos hacia la misma meta, una meta que, a su vez, ya se ha hecho alcanzable: Cristo.

La Iglesia es un movimiento del Espíritu. Es EN ella donde el Espíritu se mueve y suscita dones y carismas a su Voluntad. Los llamados “movimientos eclesiales” son UNA nueva realidad de la Iglesia, no son LA nueva realidad. Todos somos miembros de la única Iglesia, no vamos haciendo iglesias paralelas.

Ahora bien. Por mucho que seamos miembros del Cuerpo Místico de Cristo, todos necesitamos concretar esa unidad en cuerpecillos cercanos. Por eso existen las “iglesias particulares”. Es decir, que por eso hay conferencias episcopales, diócesis y parroquias. No sólo por funcionar mejor, sino por el hecho de que, como personas, necesitamos rostros y lugares alcanzables y concretos. La Iglesia es una Comunidad de Comunidades (sean grupos parroquiales, movimientos, o prelaturas), todos inspirados por el mismo Espíritu, todos unidos en el mismo Cuerpo, todos caminando hacia el Santo.

Todo esto suena muy bien porque es la parte espiritual del tema, pero la Iglesia no es sólo Espiritual, también es humana. Y, al mirarlo desde una perspectiva más terrenal, he de reconocer que todo “movimiento” o “grupo” o “estilo” o “comunidad particular” es algo parcial, es parte de un todo y, por tanto, no sirve para todos. Cada uno tenemos nuestra personalidad, nuestros dones y carismas, nuestras preferencias, nuestras amistades, etc. Por muy bueno que me parezca el grupo de jóvenes de la parroquia, no le va a servir a todos. Y no porque esté cerrado, sino porque, humanamente, uno puede encajar con él o no. Vamos, que si no soy joven, por ejemplo, no puedo pertenecer a ese grupo. O, si es un grupo que le entusiasma estar cantando todo el día y a mí no me gusta nada, pues entonces tampoco será mi lugar. Es evidente.

A cada uno le valdrá o alguno o ninguno. Por eso se da tan frecuentemente esa sensación de exclusividad o cerrazón, porque en un “movimiento” sólo está aquel que ha seguido cierto proceso para entrar. Sí. Un “movimiento” crea una pequeña comunidad más cercana y agradable, donde todos se conocen más o menos y todo es más vivo, y donde todos tienen en común un proceso y un estilo de hacer las cosas y acercarse al Señor. Pero es que todo eso también se da en una Parroquia (o debería), en un grupo parroquial suceden las mismas cosas (las buenas y las malas). ¿O es que todo eso no sucede (o debería) en el grupo de jóvenes parroquial, o en el de formación bíblica, en el del Catecismo, el de Cáritas, el de los catequistas, los matrimonios, el de novios, el de padres, el de liturgia, el de oración…? Ningún grupo es mejor que otro  por el hecho de tener un nombre propio detrás o un fundador concreto. No hay que caer en el error de creer que por ser de un movimiento de renombre, o por ser un parroquiano a secas, se es mejor cristiano que “el otro”.

Primero porque, cuando nos encontremos ante Cristo, no nos va a preguntar de qué parroquia, grupo, movimiento o prelatura venimos, sino “¿cuándo has amado?”. Y, segundo, porque es crear división, dar cancha al demonio para sembrar cizaña, caer en un orgullo y soberbia impropios de quien pretende imitar a Cristo, y crear cristianos de primera y de segunda.

El Espíritu sopla donde quiere. No sólo en tu grupo. En la Iglesia.

No podemos ir creando enfrentamientos y divisiones artificiales. La parroquia es una Comunidad de comunidades, en ella han de poder darse todos los grupos y movimientos que se estime necesario y oportuno. No puede haber grupo o comunidad sin parroquia. Y no puede haber parroquia de sólo un movimiento o un grupo. O, al menos no debería, porque se estaría cerrando la parroquia a los que no son de ese grupo. Todos los carismas han de poder darse en una parroquia, todo movimiento debe  “trabajar” en una parroquia y no utilizarla sólo como local de reunión, y, sobre todo, todos han de poder celebrar la Eucaristía Dominical unidos.

A lo largo de la semana tendrá cada uno sus ritmos, sus reuniones, su misa… pero el Domingo es el Domingo. La Eucarística Dominical es el momento y lugar de expresión de la unidad de la Iglesia.  Es parroquial. Y un movimiento (con sus ritmos y procesos propios) ha de ser parroquial, de otro modo, no debería aceptarse en una parroquia.

Reconozco que un movimiento todo puede ser, en cierto modo, más fácil. Porque ya están fijados sus objetivos y medios, estructuras, materiales, ritmos… sólo hay que subirse al carro y trabajar con las herramientas que ya se te dan. Pero en la parroquia hay que ir haciéndolo todo, estás más expuesto y, a veces, más solo; y hay que pringarse mucho para sembrar con cierta efectividad. Todo cuesta más. Aunque, es verdad, que esto es muchas veces por culpa del cura, que quiere hacerlo todo y, claro, no llega. Pero también culpa de los parroquianos si no colaboran, ayudan y participan en la parroquia.

Conclusión. Sí. Existen “parroquianos a secas” y “parroquianos de movimientos”. Pero todos parroquianos. O, si no, andamos divididos. ¡¡Y cuántas parroquias divididas por ciertas actitudes!!  La parroquia es el lugar donde deben tener cabida todos los carismas del Espíritu. El párroco ha de abrirla a todos, y no sólo al suyo, o a ninguno. Igual que la Eucaristía (y todos los sacramentos) no son de un movimiento sino para todos. ¿O no somos católicos?

En el Congreso Mundial de Movimientos Eclesiales, durante la Vigilia de Pentecostés de 1998, decía el papa Juan Pablo II (a los movimientos, pero también es para los “grupos de parroquianos”):

“Siempre, cuando interviene el Espíritu produce estupefacción, suscita eventos cuya novedad asombra, cambia radicalmente las personas y la historia. Ésta ha sido la experiencia inolvidable del Concilio ecuménico Vaticano II, durante el cual, bajo la guía del mismo Espíritu, la Iglesia ha redescubierto, como constitutiva de sí misma, la dimensión carismática: “el Espíritu no se limita a santificar y a guiar al Pueblo de Dios por medio de los sacramentos y de los ministerios y adornarlo de virtudes, sino “distribuyendo a cada uno los propios dones como le place a Él” (1Cor 12, 11), distribuye entre los fieles de todo orden gracias especiales… útiles para la renovación y la mayor expansión de la Iglesia” (Lumen Gentium , 12)
[…] Ningún carisma se dispensa de la referencia y de la sumisión a los Pastores de Iglesia. Con claras palabras el Concilio escribe: “El juicio sobre su (de los carismas) genuinidad y su ejercicio ordenado pertenece a quienes presiden en la Iglesia, a los cuales corresponde especialmente no extinguir el Espíritu, pero examinar todo y retener aquello que es bueno (cf. 1Tes 5, 12; 19, 21)” (Lumen Gentium 12).
Ésta es la necesaria garantía de que el camino que recorréis es el justo. En la confusión que reina en el mundo de hoy es tan fácil errar, ceder a las ilusiones. En la formación cristiana cuidada por los movimientos no falte jamás el elemento de esta fiel obediencia a los Obispos, sucesores de los Apóstoles, en comunión con el Sucesor de Pedro. Conocéis los criterios de eclesialidad de las formas laicales presentes en la exhortación apostólica Christifideles Laici (cf. n. 30). Os pido que os adhiráis con generosidad y humildad insertando vuestras experiencias en las iglesias locales, en las parroquias y siempre permaneciendo en comunión con los pastores y atentos a sus indicaciones.”

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Francamente Pater, yo simplemente puedo hablar de lo que conozco y de los lugares por los que he ido pasando. Siempre como un parroquiano a secas -como ahora-, y gracias a Dios como parroquiano a secas nunca he experimentado ni rencillas ni enfrentamientos, puede porque nunca había profundizado en lo que podríamos llamar “vida parroquial”, lo mismo me daba una iglesia que otra, hasta que un día esto empezó a cambiar de manera abiertamente natural (http://www.scalandoenfamilia.com/2011/08/me-dijeron-que-era-mi-amigo.html). Hoy sí, siendo un parroquiano a secas, colaboro con mi Parroquia (sí, con posesivo no excluyente, sino integrador) formo parte de uno de los grupos parroquiales y este curso iniciaré mi andadura en otro. Con toda la sinceridad de que soy capaz tengo que decir que no vivo ni percibo rencillas, ni afanes de protagonismo, ni “mangoneos”. Lo único que conozco es entrega del tiempo de muchísimas personas tratando de ser cooperadores en el anuncio de la Redención, no hay más. Y tratando de hacerlo no de una manera centrípeta, sino centrífuga. Es cierto que en mi caso, como en el de muchos otros, siguiendo los pasos de un carisma concreto ¿y? ¿qué implica eso? Nada más que intentar vivir el Evangelio al modo de una espiritualidad determinada, que si fuera excluyente o engreida sería de todo menos evangélica. Y hacerlo con nuestra vida diaria, dentro y fuera de la parroquia, siendo un testimonio cotidiano, individual, familiar y Familiar. Tratando de atraer no a esa Familia, sino a Cristo. Sin muchas, palabras, más bien con la sencillez de la naturalidad de la vida. Que yo hoy esté dónde estoy es un ejemplo palpable de que nada hay de excluyente.
    Pertenecer o no a una determinada familia eclesial tiene más de respuesta a una llamada, de un recognoscere e immanere (http://www.scalandoenfamilia.com/2012/07/gracias-por-la-invitacion.html), ofrecimiento y acogida. Pertenecer o no a un grupo parroquial es una decisión personal y de acogida comunitaria.

    Alguien que pertenezca a uno de esos movimientos no puede ver al perteneciente a otro si no como a un hermano; como también veo como a un hermano a las personas a las que a título individual sirvo como voluntario, aunque no crean.

    De verdad que después de los artículos escritos al respecto, creo que soy un bicho raro en un terrario cuasiexperimental, porque no reconozco las connotaciones peyorativas que se derivan de ellos. Este es mi terrario: http://www.scalandoenfamilia.com/2012/09/mi-iparroquia-santuario-del-perpetuo.html

    Y así, con la sencillez de la vida diaria voy Scalando en Familia

    1. Abraham+ dice:

      Los movimientos son una genialidad que el Espíritu Santo ha tenido a bien concedernos en nuestros días. Los Carismas en sí son una genialidad que se nos regala desde el principio de los tiempos. Y, de hecho, participo en la vida de un par de movimientos.
      Me encanta que recuerdes que TODOS estamos para anunciar el Evangelio y atraer hacia Cristo. No se puede ser cristiano sin una personalidad, sin un Carisma, sin un estilo… porque humanamente son cosas que tenemos, no somos un mogollón mezclado de personas iguales. De manera natural nos juntamos con los que encajamos, nos ayudan, o nos llevamos bien, o nos atraen. Por eso los movimientos son tan buenos, porque nos dejan estas cosas ya bien claras y fijadas, cosa que en la parroquia es difícil de hacer. Pero, a la vez, eso es lo que -con la actitud de algunas personas- provoca rechazo.
      Como no me he expresado muy bien, parezco dar la impresión de estar diciendo en algún momento que los movimientos son “malos”. Nada más lejos de mi intención. Sólo pretendía juzgar las actitudes que veo entre algunas personas de movimientos y algunas personas de “parroquia a secas”.

      En mi parroquia la cosa funciona genial y los de parroquia y los de movimientos están plenamente integrados, e incluso los de movimientos son los que más trabajan en la parroquia. Pero en mi parroquia sólo sucede así con los “mayores”, que no tienen ningún problema. Los jóvenes son otra cosa, se lo toman todo muy “a pecho”, y o eres de los suyos o estás contra ellos. Así que, claro, ahí andan. Y yo, como sacerdote, en medio. Tragándome las broncas de los dos lados e intentando luchar por la unidad. Pero, vamos, que no entraré en el tema, que es privado-parroquial.
      Algún día aprenderé a escribir un poco mejor y no mezclar una opinión general con la de un acontecimiento particular, para no llevar a confusión. ¡¡Gracias por el aporte!!

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