El que no está contra nosotros está con nosotros

¿Ya te has leído el Evangelio de este domingo 30-S? (Domingo XXVI, ciclo B; Mc9,38-43.45.47-48). Ya sabrás que para mejor celebrar la misa, entre otras cosas, es buenísimo haber rezado con las lecturas. Aquí te dejo el texto y un pequeño comentario:

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.»
Jesús replicó: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar.
Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»

Hay qué bien hace las cosas el Señor. Llevamos unos días en las redes dando vueltas al tema del peligro de ciertas actitudes en los “movimientos” y en los “parroquianos a secas”, y este domingo la Iglesia nos regala una Palabra que viene al pelo.

«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo». “No es de nuestro grupo”. Éste es justo el tipo de afirmaciones con las que provocamos las divisiones y enfrentamientos que hacen disfrutar a nuestro enemigo, el del rabo.

Cuántas veces habré oído cosas como: “En mi grupo somos de verdad abiertos a todos, no como el vuestro, que parecéis una secta”; o “en mi grupo se reza de verdad, no como en ese de las ancianitas de la parroquia”; o “nuestra comunidad es una comunidad de las auténticas, porque nos conocemos por nuestro nombre y somos amigos, mientras que en la parroquia nadie se conoce”; o también “mi grupo es más grande que el tuyo, por algo será”; o “en nuestra comunidad hemos vuelto a las auténticas raíces de la fe, somos como los primeros cristianos, los de verdad”; o “según el Papa mi movimiento es LA nueva realidad de la iglesia”; e, incluso, he llegado a escuchar que”mi grupo es sólo para gente con cierto nivel, no es para ti”. No me invento nada.

Cada grupo tiene sus particularidades (lógicamente), tal y como cada uno tenemos nuestra personalidad, y los amigos que nos da la gana y no somos amigos de todo el planeta. El error está en categorizar, es decir, en sentenciar que “lo mío es mejor que lo tuyo”. 

Algo así le pasó a los apóstoles cuando dijeron a Jesús: «no es de nuestro grupo», como queriendo decir que “ése no debe curar, porque no es un apóstol”. Es sorprendente. No están hablando de alguien que no crea en Jesús y utilice su nombre en vano, sino que están hablando de un creyente que realiza curaciones en Su Nombre. «Se lo hemos prohibido porque no es de nuestro grupo».

¿Quién es el dueño del Espíritu Santo? Nadie. Todos recibimos los frutos del Espíritu, y ciertos carismas y dones al servicio de la santidad. Aunque ninguno sirve de nada sin el “don” por excelencia: el amor (caritas).

Una parroquia es la casa de todos los que siguen a Cristo en la Iglesia, sean de un grupo o de otro; y todos pueden en ella trabajar unidos y en armonía, porque tienen una misma fe, un mismo bautismo, un mismo Dios y Padre. El Espíritu no actúa sólo en algunos, ni en unos más que otros por pertenecer o no a un sector o tendencia o movimiento, sino que actúa en todos y le da a cada uno según su capacidad. Una parroquia es la casa del Espíritu y de todos los carismas que Él quiera repartir. El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia que respira en todos los creyentes. Nadie puede domar al Espíritu:

«Nadie puede decir: “¡Jesús es Señor!” sino con el Espíritu Santo. Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas.Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad.» (1ªCor12, 3b-11)

¿Quién puede expulsar demonios en nombre de Cristo? Todo creyente. Especialmente aquel a quien el Espíritu Santo de la ese carisma.

«Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas; tomarán en sus manos serpientes; y cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos recobrarán la salud.» (Mc16, 17-18) 

Los apóstoles creyeron en principio que sólo podían ellos (recordemos que estaban en periodo de instrucción y aún no habían recibido el Espíritu Santo para comprenderlo todo). En cierto modo es comprensible que lo pensaran, pues sólo ellos son Apóstoles y sólo ellos están viviendo codo a codo con el Hijo de Dios Encarnado. Pero el error fue pensar que el poder de Dios fuera exclusivamente suyo (más tarde volvería a resurgir el problema, con las discusiones de si, para formar parte de la Iglesia, había que ser primero judío o si se podía ser pagano). En todo creyente actúa el poder de Dios, pero en cada uno por unos medios y con una finalidad. No es lo mismo ser Apóstol que ser Diácono. No es lo mismo tener el don de sanación que el don de palabra. No es lo mismo ser de Adoración Nocturna que de Apostolado de la Oración. Pero todo dones para el mismo Cuerpo.

Abrámonos y seamos dóciles a la obra del Espíritu en cada uno de nosotros. No le pongamos zancadillas. Él obra todo en todos. 

Me despido de los pocos que habéis aguantado hasta aquí, lanzando una pregunta que me han hecho ya muchas veces: “Yo tengo mucha fe y no expulso demonios, ni hago ningún otro tipo de milagro, ni soy inmune al veneno, ni impongo las manos y se curan los enfermos ¿por qué?”

Os animo a escribir respuestas. ¿Alguien sabe?

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