Tenemos un problema con el tiempo libre de los jóvenes

Recuerdo que, en mi tiempo de seminario, -no tan lejano- surgía de vez en cuando la pregunta: “¿Hoy vamos a poder tener un poco más de tiempo libre?”. El formador, pacientemente, contestaba: “Todo tu tiempo es libre”.  La reacción era, simplemente, o poner cara de póker o reírnos juntos.
El caso es que, efectivamente, somos libres. Pero no siempre. No esclavizan muchas  cosas, especialmente hoy, en este mundo de apariencias, hedonismo y sobreinformación. Y eso es un gran problema a la hora de vivir el tiempo libre.

Llevaba tiempo queriendo hacer una pequeña reflexión sobre este tema del tiempo libre, y últimamente ha habido acontecimientos que me han dado el empujón que necesitaba para ponerme a ello.

Primero mi eterna preocupación por la formación íntegra de los adolescentes y jóvenes, no sólo con la transmisión de conocimientos en la escuela para crear “profesionales”, sino, sobre todo, con la formación afectiva y humana recibida en la familia y en las actividades “de tiempo libre”.  Echad un ojo este buenísimo artículo de mi amigo Juan Pedro sobre este tema: “El tiempo libre en sí no es problema, el problema es no darle contenido“.  ¿A qué dedican los jóvenes su tiempo libre? He ahí la cuestión.

Segundo, los tristes acontecimientos de halloween en el Madrid Arena y la sorpresa de ver el gran número de nuestros “jóvenes de  parroquia” que estaba allí. No es que me pillara por sorpresa -casi todos los fines de semana muchos los dedican al botellón- pero esta vez me descolocó mucho que dijeran con orgullo: ¡yo estuve allí!
Por curiosidad me puse a buscar estadísticas sobre esto de los jóvenes y el alcohol, y me encontré con un buen material en la “Fundación Alcohol y Sociedad“. Sorprende ver que la media general muestra que el 60% de los jóvenes bebe alcohol. Pero si uno va al detalle, se observa que el 40% de los adolescentes de 12 y 13 años y a se ha iniciado en el alcohol; que el 60% de los de 14 y 15 años, ya beben el fin de semana; que los jóvenes de 16 y 17 años que lo consumen habitualmente son el 80%; y que el 90% de los de 18 años bebe alcohol durante el fin de semana. De lo cual se deduce que el alcohol es un elemento más que habitual en el tiempo libre de los adolescentes y jóvenes.

Edad de inicio alcohol

Tercer acontecimiento que me lleva a reflexionar un poco sobre este tema. La convivencia de jóvenes que hicimos en mi parroquia en torno a la solemnidad de la Inmaculada. Allí tenía yo a 60 jóvenes y, hablándoles sobre la fe (por aquello del “Año de la Fe”), fuimos saliendo al paso de otros muchos temas, pues la fe no puede vivirse en desconexión con la vida.  Así que, al final, acabamos hablando mucho, en público y en privado, de lo que los jóvenes suelen vivir en su “tiempo libre”.  Ya os imagináis:  amor (o sexo, más bien), alcohol ¡y drogas!. Me llevé más de una sorpresa. Bastante más de una.     ¿Qué hago hablándoles yo de lo bueno que es Cristo cuando tienen el corazón enredado en tales cosas? No es que tenga que dejar de hablar del Señor, pero creo que tengo que cambiar la táctica.
Lo más sorprendente fue en la Eucaristía que celebramos el día de la Inmaculada. Debido a esos “temitas” que iban saliendo, pregunté a los jóvenes: “¿Quién cree que la Virgen María es “inmaculada” por no haber tenido relaciones sexuales?”, “¿Quién piensa que la Iglesia enseña que el sexo (la relación sexo-genital, se entiende) es pecado?”. Otra gran sorpresa. Casi todos pensaban que la Iglesia dice que el sexo es malo, y que la Virgen es inmaculada porque es virgen. Claro que, cuando expliqué que el sexo es muy bueno y que lo malo es el desorden,  muchos fliparon.  Y, cuando expliqué que significaba la “Inmaculada Concepción”, también. Pero igual todo esto es otro tema.

     Y cuarto. Se acercan la Navidad y constato de nuevo que los jóvenes no saben divertirse sin alcohol. O, mejor dicho, se acerca la “nochevieja” y veo cómo en nuestra cultura no se entiende la fiesta sin el exceso de alcohol. No es que beber alcohol en sí sea malo (evidentemente, no lo es), pero es que una cosa es beber algo, y otra muy distinta perder el control sobre sí mismo.
En la encuesta a la cual antes hacía referencia, leía también que, casi siempre, el objetivo de beber es divertirse y disfrutar. Me asusta ver que los jóvenes (y no tan jóvenes) para divertirse, relacionarse, desconectar, relajarse, desahogarse, incluso sentirse queridos, piensen que la bebida es la solución, o las drogas, o las relaciones sexuales. Menudo horizonte, menudo ideal de felicidad. Beber. O yo soy demasiado inocentón e idealista, o soy un bicho raro, porque yo no necesité nada de eso para pasarlo bien.

No sé. Tampoco pretendo hacer un análisis exhaustivo. No soy especialista en nada. Sólo sé que los adolescentes y jóvenes -como todos- buscan la auténtica felicidad, y amar y ser amados, pero que muchos están buscando en lugares equivocados. Se empeñan en disfrutar de la “contentez de fin de semana” pensando que eso es ser feliz, y ni siquiera se plantean la búsqueda de una “felicidad eterna”.
Creo que les hemos maleducado. Lo tienen todo y, sin embargo, están vacíos. Un joven así sólo estará “bien” el viernes de diez de la noche a cinco de la mañana, y el resto del tiempo lo pasará deseando que llegue de nuevo el viernes.
En cierto modo es comprensible que nuestros adolescentes y jóvenes necesiten “perder el control”, porque los tenemos estresados desde pequeños. Nos hemos creído que educar es llenar la cabeza de datos, darles todo lo que necesiten, que un buen padre es el que se hace su amiguete y dice a todo que “sí”,  que tienen que apuntarse a cuantas más actividades académico-extraescolares mejor para que abulten su curriculum, que no hace falta esforzarse pues todo está a “golpe de click”, que hay que destacar siempre en algo sobre los demás, y que en este mundo sólo merece la pena hacer “lo que me apetece”.  ¿Dónde está la excelencia, dónde la virtuosidad, dónde la santidad y la plenitud? Os remito a otro artículo sobre el tema, muy clarificador, de mi padrino, Juan Carlos Corvera (Fundador y Presidente de Educatio Servanda):  «A la excelencia académica a través de la excelencia humana» .

Educar no es transmitir datos. No estamos en este mundo para ser profesionales. Educar es enseñar a ser feliz. Estamos en este mundo para ser felices.

Los padres, por falta de tiempo, que no de interés, delegan la educación de los hijos en los maestros, lo cual es básico y esencial. Pero igual de básico y esencial es el resto de la educación, lo que se hace fuera de la escuela, lo que llamamos “tiempo libre”.

Muchos piensan que el tiempo libre es el tiempo que tenemos para hacer lo que nos dé la gana, como nos dé la gana y con quien nos dé la gana, que para es es libre. Pero el tiempo libre sin criterio se convierte en esclavizador y, al final, en vez de ser libre, nos hace prisioneros. Y, si no, miremos qué hacen la mayoría de los jóvenes cuando llega el viernes por la noche.

Ése es el horizonte vital de muchos de nuestros adolescentes. El viernes y el sábado por la noche: beber con los amigos. Y da igual lo que les digas. Es su aspiración. A los 12 años están deseando ir ya a la discoteca. Y, lo sorprendente es ¡que lo hacen! En mi parroquia soy testigo. Y da igual lo que les digas. En su tiempo libre son esclavos el único modo de divertirse: salir para beber.

Doy clase en un colegio y me asusta ver que toda esta mentalidad la tienen asimilada desde pequeños; en la parroquia atiendo cada día a preadolescentes, adolescentes, y jóvenes, y veo cómo cada vez es más difícil luchar contra toda esa ola que se nos viene encima. Empieza a dar igual lo que se les diga, porque el componente esencial de esa avalancha es el “relativismo”. Si me vienen preguntando sobre el amor o la felicidad, y yo les planteo algo que implica que cambien ciertos hábitos, entonces me encuentro con el muro del relativismo. Por ejemplo. Si alguien me pregunta qué puede o qué no puede hacer con su novio, al final acaba diciendo “bueno, eso es lo que tú piensas, y es tan válido como lo que yo pienso”.

Tenemos un problema con el tiempo libre de los jóvenes cuando casi la única opción para ocuparlo es rellenarlo con vaciedades. Muchos se han olvidado de educar en el tiempo libre, de educar en la virtud. Pero otros muchos no han dejado de trabajar en ello. Hay muchas propuestas para ayudar a los jóvenes a divertirse y buscar la verdadera felicidad lejos de la despersonalización del alcohol.
Yo sólo propongo las que conozco de primera mano, pero hay muchas otras.

– La catequesis: la Iglesia no puede limitarse a que la catequesis sea una clase de religión o una estricta preparación para un sacramento en concreto. Ha de ser una formación cristiana íntegra. Y, en la adolescencia y la juventud ha de utilizar métodos que atraigan y entiendan los destinatarios. No es lo mismo “dar catequesis” en una sala en el sótano de una parroquia en la peor hora de la semana, que dar testimonio de Cristo a través del testimonio, la acción, la formación, la diversión, y la oración. Si limitamos la catequesis a la transmisión teórica de contenidos de fe, es como si estuviéramos diciendo a los chavales: ser cristiano es aburrido, se es cristiano sólo en esta sala de la parroquia. La catequesis ha de tocar todas las áreas de la persona: desde la estricta formación hasta el tiempo libre.

– Formación de los padres: Al fin y al cabo, a amar y ser amado, a ser persona, se aprende en la familia. Y hoy la familia vive una época sombría entre la crisis de valores, la desestructurización y la relativización. Para educar a los niños, hay que educar a los padres. En las parroquias queremos tener siempre muchos niños y jóvenes, y parece que si no tenemos muchos, es porque no lo hacemos bien. Pero es mucho más importante enganchar a los padres a la vida de la Iglesia. Sin eso, de poco sirve lo demás. En mi parroquia tenemos grupos de padres al mismo tiempo que la catequesis de los niños, para facilitarles la participación. Aún así vienen muy pocos. Pero vienen, y les intentamos ayudar en la educación intelectual, afectiva, social y espiritual de sus hijos. Es esencial. Al lado, o delante, o detrás, pero siempre cerca, de los niños debería haber grupos de padres.

– El escultismo: ser scout no es la simplicidad de disfrazarse para vender galletitas y ayudar a ancianitos a cruzar la calle. El escultismo es un movimiento mundial que pretende formar humana, espiritual y afectivamente a niños, jóvenes y adultos, a través de la aventura, el juego, la acción y la responsabilidad. Dentro del escultismo hay muchas ramas y orientaciones diversas, y el escultismo es auténtico sólo cuando atiende también el ámbito espiritual de la persona. Benedicto XVI dice que los Scouts cristianos son «una propuesta fuerte, una verdadera maduración espiritual y moral»En esa línea recomiendo a los Scouts de Europa (Asociación privada de fieles de derecho pontifical), y leer los dos mensajes que Juan Pablo II les dirigió en 1994 y en 2003.

– La educación afectivo-sexual: Es urgente hoy día promover cursos sobre el verdadero origen, sentido y finalidad del amor. Los primeros educadores en este tema son, evidentemente, los padres, pero constato que, actualmente, el primer educador es el mundo: se ha devaluado hasta tal punto el concepto de Amor y Felicidad, que muchos creen que es como sale en las películas, las series, la publicidad y la pornografía. En muchos colegios se dan charlas afectivo-sexuales, pero en no pocas ocasiones se limitan a una o dos charlas cuyo objetivo es sólo hablar de la “genitalidad” y la prevención de enfermedades sexuales, como si eso fuera el Amor. Las parroquias y colegios católicos tenemos que ponernos urgentemente manos a la obra para mostrar qué es el verdadero Amor. Es nuestra obligación, o ¿acaso Dios no es el Amor? ¿o acaso Jesucristo no nos ha dejado un mandamiento del Amor?  Recomiendo los proyectos “Aprendamos a Amar” y “TeenStar“.

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