14F ¿día del amor?

Dar clase a niños es un trabajo cansado, sacrificado y exigente. Yo sólo estoy en un colegio a ratos, y me alucina la paciencia y entrega de los maestros que están tantas horas, todos los días, dándolo todo. Es un trabajo muy vocacional y, desgraciadamente, poco valorado. Eso sí, creo que ser maestro tiene muchas recompensas personales, si no, sería imposible aguantar todo lo que un maestro aguanta.

Del trabajo con niños de primaria (los adolescentes y jóvenes son tema aparte) una de las cosas que más valoro es su alegría y sinceridad. Me alucinan. Tenemos mucho que aprender de ellos: “Si no volvéis a ser como niños no entraréis en el Reino de Dios” (cf. Mt. 19, 13-15). Tenemos que aprender de los niños, y crecer en alegría, sinceridad e inocencia.

Hoy, dando clase de religión en el colegio, y ayer, en la catequesis de la parroquia, con niños de 7 a 10 años, antes de empezar, fuimos un momento a la capilla, como siempre. Pero ayer, además de la acostumbrada oración, nos detuvimos un rato un poco más largo para explicar qué son el Miércoles de Ceniza y la Cuaresma. Y, como es lógico, antes de decir nada, pregunté qué es lo que sabían. Sabían que era miércoles (bien), que era día 13 (bien), que se nos ponía ceniza (bien), y que era para celebrar que “mañana es san Valentín” (¡¡Aarrrgggg!!).

Resulta que los colegios llevan toda la semana hablando, celebrando y haciendo actividades sobre el Carnaval y sobre el “día del amor“. Este año han coincidido en la misma semana. No quiero exagerar, pero esto de ir acostumbrando a los niños desde pequeños al carnaval mezclado con “cupido” bajo apariencia de “san Valentín”, y dedicar horas a disfraces, dibujos, poemas, y tarjetas con muchos muchos corazoncitos y angelitos con flechas del amor, me parece un poco exagerado y fuera de lugar.

Pase que nos disfracemos y que celebremos un “día el amor”, pero que lo identifiquemos con Eros (dios griego no del amor, sino del deseo y la atracción sexual) o Cupido (la versión romana extendida) y que, en el colmo de la pirueta, metamos en medio a un tal san Valentín, no tiene nombre. Y no hablemos ya del hecho de que caer en la trampa publicitaria de tener que comprar flores, bombones y tarjetas para demostrar que quiero a alguien. El marketing pretende hacernos desear lo que no nos hace falta. En esto del 14F lo ha conseguido muy bien.

Eros / Cupido

Aunque no lo creas, esto es el anuncio de un helado.

Hoy está generalizada la confusión entre amor, atracción, deseo, amistad, placer. Ya lo dice el dicho: “¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”. Es fruto, creo yo, de nuestra cultura pansexualizada en la que todo, al final, o tiene referencias sexuales explícitas o sólo las sugiere. Y creo que lo que más ha contribuido este concepto del amor son la publicidad (o el consumismo), y la televisión y el cine. El sexo se considera la mejor de las herramientas del marketing, y ha pasado a ser también un objeto de consumo.

Qué pena que estemos devaluando tanto el amor como el sexo. Qué pena estemos despojando al amor de toda su grandeza para limitarlo sólo a las relaciones genito-sexuales. Se nos está haciendo creer que el verdadero amor no existe (aunque, curiosamente, nunca dejamos de desearlo) y que el sexo tan sólo es una relación física placentera.

“Es cúpido”

Afortunadamente nunca dejaremos de aspirar al verdadero Amor, pues es un deseo inscrito a fuego en nuestra propia naturaleza. Pero el sexo, que en sí es bueno, precioso, y maravilloso, lo estamos despojando de sentido. La relación sexual es la mejor expresión del verdadero amor, el único medio por el que podemos entrar en comunión espiritual, psicológica y física con la persona amada y somos de verdad “una sola carne” (Gn2, 24). Si al sexo ya no le hace falta el amor, entonces ¿qué es? sólo un pasatiempo, sólo un objeto más de consumo. Por eso el “porno” es el el negocio number one de nuestros días.

Hasta a los cristianos se nos cuela muchas veces todo ese esquema del mundo. Porque ¿cuál es la primera imagen que nos hablamos de amor? pues o un angelito lanzando flechitas, o una pareja en pleno acto sexual. ¿Por qué cuando decimos “Amor” no pensamos en Dios, o en Jesucristo en la Cruz, o, no sé, en Madre Teresa de Calcuta, o en unos padres dejándose la piel por sus hijos? Se nos va colando el pensamiento del mundo.

El Papa Benedicto XVI dedicó su primera encíclica a todo este problema lingüístico y conceptual del Amor. Os recomiendo vivamente leer “Deus Caritas est“. Dicho rápidamente y simplificando mucho, en este documento el papa explica muy claramente la diferencia entre la mera relación sexual (eros) y el amor de entrega total al amado (agape). No es que el eros sea malo, es que hay que unirlo al agape.

Y no es una reflexión meramente racional o filosófica, el punto de partida, como siempre, es la Palabra de Dios: «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1ªJn. 4, 16). Os dejo el texto bíblico completo, que no tiene desperdicio, y paso a explicaros quién fue san Valentín.

1ªJn 4, 7-21: «Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor tiene que ver con el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano.»

San Valentín de Terni, obispo

San Valentín

Bueno. Y todo este lío que me he hecho hablando del amor, para terminar preguntándome por qué, llegadas estas fechas, metemos a san Valentín en el saco.

A ver. No sabemos quién fue exactamente san Valentín. Hay dos o tres santos antiguos con ese nombre y reliquias como para que haya cinco o seis más. Incluso en Madrid hay reliquias de San Valentín, en las parroquias de san Valentín y san Casimiro, y en la de san Antón. Pero la verdad es que no se conservan datos históricos muy fiables de este santo o, mejor dicho de “estos santos”, porque, en realidad, hubo tres mártires llamados Valentín, y los tres en el siglo III: uno que primero fue médico y luego sacerdote en Roma, otro que fue obispo en Terni, y otro que fue martirizado en el norte de África junto con otro grupo de cristianos. Más tarde, para liar un poco más la cosa, aparecerá otro san Valentín, el obispo de Recia en el siglo V.

San Valentín de Roma, presbítero.

Curiosamente a los tres primeros, los del siglo III, se les empezó a celebrar litúrgicamente el 14 de febrero, pero sólo a partir del siglo VI, partiendo de unas actas martiriales apócrifas que fueron escritas en el siglo V y que tienen mucho de legendarias. Así pasó con muchos santos de la Iglesia naciente. En el siglo XX la Iglesia se puso a eliminar del calendario a aquellos santos cuya historia era dudosa o incierta, así que muchos muchos desaparecieron del calendario, entre ellos los sanvalentines del 14F. Hace ya muchos años que el 14 de febrero no es san Valentín.

Lo único seguro es que el san Valentín considerado patrón de los enamorados es el que fue presbítero en Roma. La pseudohistoria dice que era un médico de las legiones romanas que se convirtió al cristianismo y que celebraba matrimonios de soldados en secreto, pues mientras duraba el servicio militar (que duraba unos ¡20 años!) estaba prohibido casarse. Dicen que, partiendo de esta historia, el 14 de febrero fue dedicándose a los enamorados.

Es precioso (¡y sorprendente!) que el patrón de los enamorados sea un sacerdote. Eso no encaja mucho en el imaginario de la cultura actual, y tal vez por eso se ha ido sustituyendo su imagen y su historia por el angelote de flechas que lanza corazoncitos. Pero un sacerdote se ha convertido en el patrón del amor humano. Es como un reconocimiento de que el Amor queda auténticamente manifestado cuando se sella en el matrimonio católico, ante un presbítero y ante la Iglesia.

Parece ser que ese san Valentín, el sacerdote, y el otro, el obispo, fueron martirizados en Roma en torno al año 270 por orden del emperador Claudio II, y que los dos fueron enterrados en la Via Flaminiana pero en tumbas diferentes y separadas. Luego los restos se dispersaron y se conservan en varios lugares, pero el hecho de que haya dos mártires con el mismo nombre y muertos en la misma época siembra más confusión en su enigmática historia. De hecho se confunden ambos santos y son muchos los matrimonios y enamorados que acuden a Terni a venerar los restos del obispo san Valentín, cuando el patrono es el presbítero de Roma. ¿O tal vez sean la misma persona? Pues eso, que como no hay nada claro al respecto, al final se suprimió del calendario a estos mártires celebrados el mismo día.

¿Entonces celebramos san Valentín o no?

¿Esto no es también Amor?

Hombre, pues no hay ningún impedimento para decir o demostrar a tu esposa/o, novio/a que la quieres. Y puede ser el 14 de febrero perfectamente, pero también cualquier otro día del año. De hecho el amor has de manifestarlo, vivirlo y alimentarlo todos los días del año. Ahora bien, tener un detallito especial, hacer un regalo, y ser original, pues puede ser este día o cualquier otro que elijas. Pero, hagas lo que hagas, al menos ten claro que Dios es el Amor, que el amor no es simplemente “sexo”, y que san Valentín es un sacerdote, no un angelote.

¡Ah! Y recuerda que en la Iglesia celebramos oficialmente el día del amor en el Jueves Santo, cuando Cristo dice a sus apóstoles: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 34-35)

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Abraham, no tengo el gusto de conocerte aunque me han hablado de ti. Creo, en mi humilde opinión, que realizas un análisis sencillo y accesible del concepto de Amor y de los motivos que han llevado a que finalmente se haya organizado en la sociedad la tremenda confusión entre sexo y amor. Por otro lado, es muy didáctica y divertida tu exposición sobre los conceptos históricos de aquellos Santos Valentines habidos. Personalmente creía que solo había uno!!!!
    Un fraternal abrazo, Vicente.

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