En Cuaresma hacemos la ola

Cuando pensamos en la Cuaresma solemos utilizar una imagen muy recurrente:  la del camino. Un camino hacia la Pascua. Es una imagen que encaja muy bien con lo que es la Cuaresma, y también con lo que ha de ser nuestra vida: una peregrinación al encuentro de Cristo Resucitado. La imagen del camino tiene muchos elementos que nos ayudan a explicar muchas cosas de la vida cristiana: los cruces, los tropiezos, las subidas, las bajadas, las zonas de sol, las de sombra, los descansos, la cumbre…

Pero últimamente me ha dado por utilizar la imagen de una ola que te impulsa hacia la orilla. No es que la imagen tenga tanta profundidad como la del camino, pero a mí me ayuda a recordar que el tiempo de Cuaresma es como coger una ola para llegar a la Pascua. Y esa ola es la Oración, la Limosna y el Ayuno.

LA CUARESMA

Antes de pasar a decir sólo un par de cosas sobre la OLA, quiero utilizar unos párrafos a hablar de la Cuaresma. ¿Quién no ha vivido (o vive) el tiempo cuaresmal como unos días tristes, fúnebres, casi depresivos, de sacrificio, sufrimiento, renuncia…? Cada vez que llega la Cuaresma me da la impresión de que caemos en una especie de depresión profunda de la que sólo salimos cuando llega la Pascua. Bueno, bien, es verdad que Cristo Resucitado es quien da la vuelta a nuestras vidas como si fueran un calcetín, y que la Cuaresma son unos días para apretar tuercas. Pero… ¿dónde está escrito que en Cuaresma tenemos que ponernos tristes?

Bueno, sí. Utilizamos el morado fúnebre, quitamos florituras decorativas, aleluyas y excesos musicales, ponemos el acento en los actos penitenciales… Pero ¿dónde está escrito que tenemos que estar tristes? En ninguna parte. De hecho, lo que está escrito es más bien lo contrario: «Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a los hombres que ayunan.» (Mt6, 16) y «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos.» (Flp4, 4)

La Cuaresma es un tiempo sobrio, no un tiempo triste. En los cuarentaypico días que dura no celebramos nada, sino que nos preparamos para celebrar algo: la Pascua. Es un tiempo pedagógico, de preparación, educativo. Y, siempre que hay que estudiar, hay que hacer algún sacrificio. El que algo quiere, algo le cuesta. Pues eso es la Cuaresma. No son días para andar cabizbajos, sino para que seamos más fuertes, más santos, más valientes, más cristianos. Y ¿es esto alegre o triste?

Los 40 días cuaresmales + domingos aluden, en el lenguaje bíblico, a un “momento de cambio” o “tiempo de conversión” o “transición a una nueva etapa”. No es un número matemático, sino teológico. Vamos, que cuando aparece un 40 en la Biblia es que, después de un periodo de sufrimiento, algo bueno y nuevo va a venir de parte de Dios. ¿Por ejemplo? los días del diluvio, los de Moisés en lo alto del Sinaí, el camino de los judíos a la Tierra Prometida, los días de Jesús en el desierto, los que pasó con sus discípulos una vez resucitado, etc.

Ahora se te da la oportunidad de “vivir un 40”, un cambio, tu conversión, tu “volver al Señor”. ¡¡Bien!! ¡Vamos a ser más santos! Pero… ¿cómo se hace? ¿cómo se recorren esos cuarenta días? La Iglesia te lo propone de manera sencilla: Déjate llevar por la O.L.A. :

cuaresma
La ola cuaresmal

ORACIÓN

Quien tiene un hábito de oración diaria sabe bien los grandes frutos que tiene en nuestra vida. ¿A qué se nos invita en cuaresma? A intensificar nuestra oración.

Esto no significa simplemente aumentar el número de padrenuestros, sino pasar más tiempo, o de más calidad, “con Aquel que sabemos nos ama” (Libro de la Vida de Sta.Teresa 8, 5). La oración es un encuentro personal, un encuentro de persona a Persona, un momento de comunión. A veces, sin darnos mucha cuenta, convertimos la oración en un simple recital de oraciones aprendidas. Hace falta algo más. Las oraciones vocales” están muy bien, tienen su objetivo: el rosario, el ángelus, o incluso la Liturgia de las Horas (aunque esto es otra cosas), y tienen mucho fruto. Pero no basta: hace falta diálogo. A veces nos conformamos con un monólogo y se nos olvidan el diálogo, la meditación de la Palabra, el silencio, la acción de gracias, la petición, el abandono, la escucha…

La “Oración del Huerto”: hágase tu voluntad, no la mía.

Igual no hace falta que reces más, sino que reces mejor. Pero no simplemente con tu esfuerzo, sino confiando más en Dios: «El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.» (Rm8, 26)

Tal vez te haya liado más con toda esta explicación. Pero todo esto se resume en una imagen: “La Oración del Huerto”. El Señor, en Getsemaní, orando con confianza total, de hijo, al Padre. No te digo más, léelo, fíjate en cómo reza Jesús. Así tenemos que rezar. Nuestra oración ha de ser un eco de aquella oración. Lo tienes en Mt26, 36-46; Mc14, 32-42; Lc22, 39-46.

Aquí tienes una preciosa catequesis cuaresmal de Juan Pablo II sobre la Oración.

LIMOSNA

No. Tampoco la Iglesia te pide que en Cuaresma le des más monedas al pobre de la puerta de tu parroquia. En la Palabra “limosna” se encierra algo mucho más importante que poner un parche a tu conciencia dando de lo que te sobra, se te está pidiendo ayudar al necesitado. O, mejor dicho, amar al prójimo.

“Limosna” es el resumen de «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros.» (Jn13, 34). Puedes hacer como aquellos ricos que “daban donativos en el templo”, o como aquella “viuda pobre que daba dos pequeñas monedas”. Ya sabes que el Señor dejó bien claro que “esa pobre viuda ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir». (cf. Lc 21, 3-4). Pero, claro, es mucho más sencillo soltar una moneda de veinte céntimos el pobre que pide en la puerta de la iglesia (que, más que arreglar nada, lo complica, por cierto), que pararse a hablar con él y preguntarle cómo se llama, qué le pasa, dónde vive, por qué está pidiendo, qué necesita… ¿quieres comer hoy en mi casa?

Da de lo que tienes, no de lo que sobra. Y, en vez de poner parches tranquilizadores de conciencia, ama y ayuda. ¿Que cómo puedes ayudar? Pregunta en Cáritas de tu parroquia, pregunta al pobre de la puerta (en el siguiente punto de doy alguna idea más) y no le des veinte céntimos.

Aquí tienes una preciosa catequesis de Juan Pablo II sobre la Limosna.

AYUNO

Necesitamos comer, ¿por qué dejar de hacerlo? «No sólo de Pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt4, 2-4, citando a Dt8, 3). Parece un contrasentido, pero renunciar, desprenderse, hacer un sacrificio, fortalece nuestro espíritu y nuestra voluntad.

El ayuno no se refiere exclusivamente alimento. Cada uno tiene que mirar su vida en oración para descubrir, delante del Señor, todo aquello que ocupa lugar en el corazón. Hoy día, al menos en nuestra opulenta sociedad, solemos estar saciados, llenos de cosas que satisfacen con creces nuestras necesidades. Por eso nos llenamos de cosas que, en realidad, no necesitamos y cuyo único objetivo es seducir nuestros sentidos, instintos y placeres. Nos hemos llenado de aparatitos y aperitivitos. 

La renuncia voluntaria, el ayuno, fortalece nuestra voluntad, nuestra razón y nuestra fe. Busca un “ayuno con sentido”, porque no se trata, simplemente de que el viernes no cenes, sino de que te plantees por qué no vas a cenar. Ayuna con sentido. Por ejemplo: puedes dedicar el tiempo de la cena a la oración (y así haces oración y ayuno a la vez, jeje) ofreciendo tu  pequeño sacrificio como intercesión por alguna necesidad de tu prójimo; o puedes dedicar tu tiempo de ayuno a ir a trabajar a un comedor para necesitados (si eres de Madrid, te propongo el de las Misioneras de la Caridad, pero sólo porque lo conozco directamente: hay muuuchos más); o puedes descubrir el botón “off” de tu smartphone (créeme: lo tiene) para ayunar de whatsapp, facebook y demás, mientras abres un libro y te lees una buena “vida de santos” (te recomiendo los de la colección Arcaduz de Ediciones Palabra).

Recuerda que el ayuno no es para guardar la línea, sino para ser un poquito más santo. Recuerda que el sacrificio que quiere el Señor no es el puramente externo, sino el del corazón.

Aquí tienes una preciosa catequesis cuaresmal de Juan Pablo II sobre el Ayuno.

EN CONCLUSIÓN

En Cuaresma hacemos la OLA. Oración, Limosna y Ayuno. Puedes incluso hacer las tres cosas al mismo tiempo. Creo que te he dado algunas ideas, aunque como me lío mucho escribiendo, tal vez te hayas perdido un poco.

No olvides que esos “consejos cuaresmales” tienen como objetivo que te conviertas más al Señor. No son meras actitudes externas, sino del corazón. No te conformes con rezar un padrenuestro más, dar una moneda al pobre, y no comer chocolate. Busca auténticos retos que te hagan crecer en santidad y, si consigues que te duren más de cuarenta días, mucho mejor. Que tu oración sea de más calidad, que utilices un tiempo para ponerte manos a la obra con el necesitado tratándolo como si fuera el mismo Cristo, y que hagas auténticos sacrificios cuya razón de ser esté en el amor y la intercesión.

¡No te estanques! ¡Sé Santo! Déjate llevar por la OLA a la PASCUA.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Gissella dice:

    Excelente los comentarios y las ideas. Aunque estoy muuuuuuy lejos, en Perú, gracias. Este material me va a servir para mis clases de educación religiosa. Chau.

  2. Diomedya Acosta Reyes dice:

    Excelente orientaciones sobre este tiempo fuerte de Cuaresma, a mi personalmente me sirvió de mucho para trabajar con los niños. GRACIAS

  3. PEPE dice:

    SI LA LIMOSNA NO ES LA SOLUCION DEJEN DE DARLE DINERO A LA IGLESIA IGUAL ESTA YA TIENDE DEMADIADO ADMAS 2000 AÑOS FACTURANDO.
    BUENO TIENEN QUE PAGARLE A LOS ABOGASODS Y A LAS FAMILIAS DE LOS NIÑOS ABUSADOS

    1. Abraham+ dice:

      Ay Pepe! Qué poco conoces a la Iglesia! Pues claro que hay pecado en ella, pero sentenciarla por lo que has leído en algún periodicucho es muy simplón, es ver el árbol caído y no ver el bosque. En fin… ¿Tienes alguna idea de todo el bien que hace la Iglesia?

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