Camino de Santiago, camino de Nueva Evangelización

20130821-141116.jpg He tenido muchas veces la oportunidad de peregrinar hasta el Sepulcro del Apóstol Santiago en Compostela, y otras tantas me he quedado con un sabor agridulce. La última ocasión ha sido en la primera quincena de este agosto, con siete jóvenes de la Parroquia Cristo Sacerdote que me han regalado unos días irrepetibles, y ayudado a vivir un auténtico camino de conversión. Risas, oración, esfuerzo, silencios, misas, conversaciones, tonterías, agobios, chaparrones, momentos providenciales, etc., etc. ¡Gracias chicos, gracias Señor!
He recorrido el Camino con grupos grandes, con grupos pequeños, con un amigo, e incluso solo. He seguido el Camino Francés, y el del Norte. En total unas ocho o nueve veces, y cada una de ellas ha sido única, pues siempre cambian la compañía, la ruta, el número de días, la distancia, la disposición interior, o las motivaciones. Muchas experiencias distintas del mismo acontecimiento y, al final, siempre aparece un pensamiento que se me repite: demasiada gente, demasiado caos. Sabor agridulce.

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Los Jóvenes de Cristo Sacerdote atraviesan una corredoira en el Camino de Santiago

El Camino de Santiago se me parece cada vez más a una ruta eco-turístico-cultural con cierto halo espiritualoide, facilidades de alojamiento y avituallamiento, que a una peregrinación. Aunque esto debe suceder sólo en julio y agosto, cuando recorrer los últimos cien kilómetros parece una carrera para coger sitio en algún albergue, el camino es una sucesión de bares, terrazas y máquinas de refrescos, llegan más de mil peregrinos diarios a Santiago, la catedral queda colapsada, y andar por las calles aledañas es como hacerlo por el Metro de Madrid en hora punta. Participar en la “Misa del Peregrino” en la Catedral compostelana es todo un ejercicio de paciencia por el ajetreo y bullicio reinante, excepto cuando vuela en botafumeiro, que es cuando la Catedral está en silencio y no hay mano sin cámara de fotos.
Pero la cosa no es tan mala como aparenta, todo esto que digo es sólo el envoltorio. Resulta que, a pesar de estar todo transido por el consumismo reinante, el ambiente del Camino es una maravilla, la gente es cercana, agradable y generosa (aunque también hay de todo, como en todas partes), y las iglesias están llenas a la hora de la misa ¡Qué oportunidad de oro para la evangelización tienen los sacerdotes del Camino! Me atrevería a decir que la mayoría de los peregrinos van a misa ¡todos los días! en el Camino, y no lo hacen durante el año, pues son cristianos de esos tibios con una fe “a la carta”. En contadísimas ocasiones he visto a algún peregrino rezando ante el Sagrario antes o después de misa, o rezar antes, durante o después de caminar. Nosotros lo hacíamos todos los días, y éramos los raros.

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Los Jóvenes de Cristo Sacerdote en el Museo de las Peregrinaciones en Santiago

Puede que no me haya fijado, pero incluso en este último Camino yo he tenido ocasión de vivirlo. No en todos los pueblos hay misa por la tarde, así que hubo días en que tuvimos que celebrar una misa “campera”, pero no por ello menos católica (no puedo decir lo mismo de alguna misa con la que nos topamos en alguna de las etapas, y que fue bastante… original). Para eso cargaba en mi mochila con lo imprescindible del kit de misa de campaña y con los ornamentos debidos. No nos escondíamos para celebrar la misa, sino que lo hacíamos de manera bien visible (y anunciada) para que pudiera unirse quien quisiera. Sólo se nos unió en un par de ocasiones una pareja -simpatiquísima- que apenas sabía responder a los diálogos y oraciones de la Eucaristía, así que fuimos muy al kerygma. Creo que así es el ambiente en las parroquias del Camino, y que los curas han de aprovechar la oportunidad y hacer un anuncio básico de la fe, como sucede (o debería) en las bodas, o en los funerales: que entre la asamblea es mayoría la gente que está pisando la iglesia por primera vez desde su primera comunión y hay que hablar de lo más básico y esperanzador de la fe (Cristo muerto y resucitado para salvarte).

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Jóvenes de Cristo Sacerdote rezando el Rosario durante el Camino de Santiago

En definitiva, que en el Camino hay cosas cristianas, pero el ambiente no es cristiano. De hecho, si uno bucea en las estadísticas veraniegas del Camino (ver aquí, por ejemplo, las de julio) ve que casi la mitad (42%) de los peregrinos llegan a Santiago por motivos exclusivamente religiosos y la otra mitad (51%) lo hace por motivos religioso-culturales (a saber lo que es eso), y sólo el resto lo hace sin motivaciones espirituales. Es normal que haya gente de todo tipo y con motivaciones de lo más peregrinas -nunca mejor dicho-, y nosotros -la Iglesia- hemos de verlo como una oportunidad para la Nueva Evangelización. Así que… ¿a qué esperamos?
El Camino ha sido clave para la unidad de Europa en fe, cultura, arte, economía, etc. Llega el momento de aprovechar la oportunidad que nos ha dado el Señor con el sepulcro de su Apóstol Santiago. Por el norte de nuestra España caminan cientos de personas necesitadas del Evangelio, y van de parroquia en parroquia, y de albergue en albergue, teniendo por meta una Catedral. Europa se descristianiza, y resulta que miles de europeos pasan por nuestra casa todos los años.

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Caminos de Europa hacia Santiago

¿A qué esperamos para aprovecharlo? Es una pena ver que casi todos los peregrinos que te encuentras en la misa de la Catedral vayan a ver el botafumeiro y no a Jesucristo en la Confesión y la Eucaristía. ¡Qué vacía está la Capilla del Santísimo! ¡Podemos cambiar eso! ¡Debemos cambiarlo!
Los sacerdotes ya lo hacen (se supone) desde la atención pastoral en las parroquias del Camino, aunque es triste ver que en muchos sitios la atención pastoral se reduce a que te pongan el sello parroquial en la credencial.
¿Y los laicos? ¿Y los Consagrados? ¡También! Desde la acogida cristiana en albergues, conventos y parroquias. Son ellos, al final, quienes tienen el contacto más cercano y directo con los peregrinos, son quienes tienen mejor ocasión de evangelizar, acogiendo al peregrino como si del mismo Cristo se tratara. En ninguna pensión, albergue municipal o polideportivo, te van a acoger con amor, sino por los seis, ocho o diez euros preceptivos. La acogida cristiana en el Camino puede ser un camino de reevangelización de Europa.

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Los jóvenes de Cristo Sacerdote rezando ante el Sagrario en O Cebreiro

Y esta iniciativa ya existe, no hay que empezarla de cero, aunque aún es pequeña en comparación con el tamaño del Camino. Se trata de la Acogida Cristiana en al Camino (ACC) , que ha surgido -no hace mucho- para ofrecer a los peregrinos no sólo una acogida cristiana sino también la atención espiritual necesaria. Los peregrinos son acogidos con alegría y cariño en parroquias, albergues o conventos, por parte de voluntarios laicos o consagrados, y, por las tardes, después del preceptivo aseo y descanso, se organiza un rato de presentaciones y puesta en común en clave de oración compartida, se celebra la Eucaristía y se da la bendición del peregrino, en ocasiones se da una pequeña catequesis del sentido cristiano del Camino y su historia, y se hace una cena en común compartiendo lo que cada uno lleve. El esquema varía según el lugar, pero, en síntesis se trata de que los peregrinos se sientan Iglesia, parte viva del Cuerpo de Cristo, y peregrinen el Camino como un encuentro con el Señor.
Por desgracia, en la parte final del Camino Francés -la más concurrida- la presencia de la ACC es muy escasa aún.

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Los Jóvenes de Cristo Sacerdote rezando ante el sepulcro del Apóstol Santiago

Tal y como la he descrito sólo la pudimos disfrutar en Vega de Valcarce (y llegamos tarde), después la hay sólo “a medias” en un par de sitios: en el Monasterio de Samos (por el que no todos pasan porque es un desvío alternativo) la ACC se limita al alojamiento y la Eucaristía, y en la parroquia de Pedrouzo a la atención espiritual (confesiones, misa, catequesis), por cierto, muy muy bien llevada. Sé qué los franciscanos del Cebreiro también hacen algo en dos o tres pueblos, pero no lo conozco directamente. De todas maneras, estoy seguro de que esto no ha hecho nada más que empezar y surgirán, poco a poco, muchas más parroquias, conventos, monasterios, y albergues que se sumen a la ACC con sacerdotes, consagrados y laicos. ¡Y te puedes sumar! En la web de la Acogida Cristiana en al Camino (ACC) está el correo para implicarse en la iniciativa en “cualquier modalidad”, y todos los detalles que la describen.
¿Quieres irte de misiones? Pues no hace falta que te vayas al otro lado del mundo, ve al Camino de Santiago.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carmen Gómez dice:

    Totalmente de acuerdo. Gracias por esta entrada que me toca de modo particular, porque nací en un pueblo del Camino y ver pasar peregrinos era normal en verano y porque es mi gran deseo pendiente… así que tomo nota del dato de ACC porque es ese y no otro el Camino que mi corazón desea hacer Dios mediante.

    1. Abraham+ dice:

      Genial! Gracias. Ojalá pronto lo consigas.

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