desCORTÉS 9: hombre y mujer nos creó

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Esta vez la cosa va del supuesto machismo de la Iglesia. O, lo que es lo mismo, del machismo de Jesús, que nombró apóstoles a doce hombres, pecando de “anti-igualitarista”.
El igualitarismo pretende convencernos de que hombre y mujer somos lo mismo. Y, sí, somos iguales en derechos y dignidad, por supuesto, pero no somos lo mismo. Lo siento. Es un hecho. Somos diferentes emocional, afectiva, psicológica, físicamente, etc.

Claro que hay que luchar para que la dignidad y los derechos de todos sean los mismos (porque lo son), bastantes desigualdades ha habido ya, y algunas sigue habiendo. Pero esto no quiere decir que el hombre y la mujer sean lo mismo.

Yo, si veo una mujer por la calle, sé que es mujer. Y, si veo un hombre por la calle, sé que es un hombre. Porque sé cuáles son las diferencias (aunque, he de decir, que esto es cada vez más difícil hoy día). Nuestras diferencias no nos haces superiores o inferiores, nos lleva a necesitarnos mutuamente, nos acerca para complementarnos. Estamos llamados a ser una sola cosa, por el amor. Y sólo los dos juntos somos capaces de reflejar plenamente el amor de Dios, y el amor de Cristo a su Iglesia.

Jesucristo se hizo hombre, no mujer, y llamó a los que quiso, y llamó a hombres y mujeres, y los llamó a la misma plenitud. Pero escogió a doce hombres para el marrón de ser Apóstoles. No es un puesto de honor, ni superior, es un servicio. ¿Y las mujeres fueron relegadas? pues no. Ellas fueron sujeto de grandes milagros y conversiones, una mujer fue la llamada a dar a luz al Salvador del mundo, cuidarlo, educarlo, transmitirle la fe; las mujeres fueron las valientes que llegaron hasta la cruz, las que no temieron a la guardia romana y acudieron al sepulcro, las primeras en ver al resucitado, las que sacaron a los apóstoles de su escondite; no se quedaron a la zaga a la hora de predicar el evangelio y dar la vida en el martirio, fueron clave en las primeras comunidades (lean a San Pablo) y en las actuales, son figura de la Iglesia… Ellas son mayoría absoluta en la Iglesia. Los hombres somos minoría.

Podéis leer la “Mulieris Dignitatem” o la “Carta a las mujeres”, ambas de san Juan Pablo II, que explican las cosas bien, no como yo. O, mejor aún, el Catecismo: “El hombre y la mujer son creados, es decir, son queridos por Dios: por una parte, en una perfecta igualdad en tanto que personas humanas, y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer. “Ser hombre”, “ser mujer” es una realidad buena y querida por Dios: el hombre y la mujer tienen una dignidad que nunca se pierde, que viene inmediatamente de Dios su creador. El hombre y la mujer son, con la misma dignidad, “imagen de Dios”. En su “ser-hombre” y su “ser-mujer” reflejan la sabiduría y la bondad del Creador”.

Y todo esto no es de ahora. Es de siempre. La mujer ha hecho y hace mucho por la Iglesia, y la Iglesia ha hecho y hace mucho por ella y por el hombre, por la humanidad entera, sin reservas ni segregación.

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