Aventuras y desventuras de una multa errónea

De vez en cuando a todos nos pasan cosas interesantes o graciosas que contar como anécdota a nuestros amigos o a la familia. Pero lo que me ha ocurrido a mí, y que me costará el sueldo del mes, no se la deseo a nadie. A ver, tampoco es que sea un asunto vital, ni muy importante, hay cosas más graves en la vida, pero sí que es indignante e injusto.

Resulta que, en enero de 2013, me llegó una notificación de apremio para pagar una multa en Palma de Mallorca, fechada el 28 de febrero de 2012. Pero nunca me llegó la multa a la que hacía referencia, y nunca había estado en Mallorca (vivo en Madrid, tierra y mar de por medio). imageAdemás, resulta que aquello era una notificación de apremio, lo que quería decir que no podía recurrir la multa (de hace un año) y me enfrentaba a la amenaza de un embargo inmediato. ¡¡Y la multa ascendía a 720€!! ¿Alguien puede explicarme qué hay que hacer para que te multen con semejante cantidad?

Total, que yo jamás había estado en Palma, menos aún con mi coche, y menos aún el día de mi cumpleaños.  Podría haber pagado y ahorrarme líos, pero la cantidad de dinero que menreclamaban y la evidente injusticia, hicieron que decidiera enfrentarme al gigante. David contra Goliath. Empecé a buscar ayuda. Gracias a Dios, esto de ser cura tiene, entre otras muchas ventajas, que conoces a un montón de gente de todo tipo, así que no me faltaban abogados a los que pedir ayuda. Pero la cosa se presentaba negra, porque aquella notificación de embargo era inminente y los plazos se nos echaban encima.

Me puse manos a la obra y, entre los padres de uno, los amigos del otro, el que estaba acabando la carrera, y el abogado de misa diaria, pusimos en marcha un “recurso contencioso administrativo”, que no sé muy bien lo que es, pero que sonaba muy mal. Recuerdo muy bien la conversación con Enrique Giménez-Arnáu (mi “abogado de cabecera”, el de misa diaria): “¿De verdad quieres seguir adelante con esto? Costará tiempo y dinero”, a lo que dije: “Por una parte no quiero líos y mejor pagar y ya está, pero por otra, necesito luchar por la verdad y la justicia, así que a por ello”. Él también quería, así que se puso con todos los papeleos necesarios. Nunca podré agradecerle suficientemente el favor, porque se implicó totalmente en el asunto invirtiendo tiempo y dinero para intentar solucionarlo. Incluso se puso a investigar y descubrió que en Palma había un coche igualito que el mío (modelo y color), con la única diferencia de un número en la matrícula. El caso parecía claro: tenía pruebas de que en el momento de la multa estaba en Madrid, y que hay un coche como el mío en Palma. ¿Sería posible perder? Pues sí, era posible.

Presentamos justificantes, hicimos el recurso, dimos poderes a una abogada de Palma, y presentamos todo lo necesario para pleitear contra el ayuntamiento. Al final se nos citó para el juicio en abril de 2015, tres años después de la multa no notificada y dos después de la notificación de embargo. Ahora sólo quedaba hacer un viaje relámpago a Palma para presentarse en la vista. Pero la providencia divina tenía planeada otra cosa para mí, así que ese viaje relámpago pasó a ser una tournée de casi una semana. No hay mal que por bien no venga, así que, al final, esto de la multa hasta me fue útil (pero caro).

Resulta que, en esas mismas, fechas iba a tener lugar un encuentro en Tarrassa con Tricia Trembeull, una de las jefazas de Life Teen (método de catequesis que hemos empezado a utilizar en mi parroquia con gran éxito), y que en Palma vivía Xiskya Valladares,image una de las creadoras de iMision. Me organicé para encontrarme con ellos. Al menos el desembolso del viaje no sería en balde. Mosen Emili Marlés me recibió  unos días en el Seminario de Tarrassa y me trató como a un hermano (impagable su hospitalidad, su ayuda con Life Teen, ¡y su visita guiada por la Sagrada Familia de Barcelona!); luego aproveché un par de días y visité y recé en Montserrat, Manresa y Tibidabo; después volé a Palma, donde pude conocer a Xiskya, que me acogió también como si me conociera desde siempre  (impagable también su acogida y su visita guiada por la Catedral). Fue una gran semana.

¿Y el juicio? Surrealista, no me lo podía creer. Se centró en las fechas de las notificaciones y los errores en la dirección de correo, en vez de en la multa en sí. Tenía cierta lógica, pues, en realidad, la multa no estaba recurrida ¡pero es que nunca me llegó! Aquel juicio era solo para intentar detener el embargo, que sí me había sido notificado. El fiscal, el que defendía al ayuntamiento de Palma, se empeñó en que, efectivamente, quedaba probado que yo no había estado en Palma, pero que no estaba probado que mi coche no hubiera estado allí. Sí, sí, como lo oyes; o mejor dicho, como lo lees. De hecho, al encontrarnos en los pasillos, dijo (después de mostrar su gran sorpresa al ver que había llevado esto a juicio en vez de pagar la multa, y que, encima, me había presentado) que él sabía bien cómo funcionamos los curas, que le dejamos el coche a cualquiera y que a saber qué habían hecho con él. Y, bueno, vale, sí, en parte tiene razón, yo soy muy desprendido con todo, pero ya lo de prestar el coche para cruzarse media península y parte del Mediterráneo para vaya usted a saber qué, me parecería un poco exagerado. image

En fin, que mi súper abogado de cabecera, Enrique, re-explicó toda la situación e, incluso, presentó la prueba de que había un coche igualito que el mío en Palma: un Opel Astra, gris claro, de 2001, con matrícula casi idéntica a la mía: 9324CDP. Lo digo por si esto lo lee el auténtico dueño de la multa, a ver si le entra un poco de cargo de conciencia (yo, por mi parte, ya he cambiado de coche). La única diferencia con el coche mallorquín era de un número, así que supongo que el origen de todo esto es que alguien copió mal la matrícula. Pero ni con esas: está probado que yo no estaba allí, pero no el coche. Lo dicho: surrealista. A partir de ahora me haré todos los días una foto con el coche y el periódico del día.

El juicio quedó visto para sentencia y, hace unos días, Enrique me comunica que no hay nada que hacer: “Abraham, amigo, malas noticias; el Sr. Juez ha desestimado el recurso, considerando que la notificación practicada llegó al domicilio de su destinatario al consignar el empleado del Servicio de Correos no el término desconocido sino el de ausente como resultado de la notificación y sin entrar, como ya nos anunció en la vista, en ninguna otra consideración. Siento el resultado; estaba convencido que nos la iba estimar a pesar de que formalmente estaba complicado.”

¿Resultado?

720€ de una multa que no es mía + 140€ de avión a Palma de Mallorca.

Conocer a Tricia Trembeull, Emili Marlés y Xiskya Valladares, no tiene precio.

Menos mal que los curas somos ricos. Menos mal que Dios escribe recto con renglones torcidos.

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